Oliver Sacks – El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

Oliver Sacks (1933)

Los libros de Oliver Sacks son, para mi, fascinantes, ahora me acabo de releer El hombre que confundió a su mujer con un sombrero y tengo que confesar que los casos que expone son como de ciencia ficción y es curioso como por medio de las patologías cerebrales o neuronales nos damos cuenta del increíble potencial que tiene nuestro órgano mas complicado y maravilloso: el cerebro. Y como muestra un botón.

En el año 1966 Sacks estudio el caso de los gemelos llamados John y Michael los cuales eran muy conocidos por entonces por haber salido en la radio y la televisión, los gemelos que entonces tenían veintiséis años eran considerados por todos los especialistas que los habían estudiado como unos idiot savants, unos autistas con psicosis y grave retardo mental, no tenían nada de especial, salvo una memoria documental extraordinaria, y la facultad de utilizar un algoritmo para saber que día de la semana era un día cualquiera, pasado o futuro.

Estos gemelos eran capaces de decir que día de la semana fue un día concreto en los 40.000 años pasados o futuros, cuando se les dice una fecha, inmediatamente contestan que día fue y, además, el numero de la semana dentro del mes. También son capaces de decir en que día cae la pascua en el mismo periodo de tiempo (¡80.000 años!), pero no acaban ahí sus cualidades, pueden, por ejemplo, memorizar instantáneamente números de hasta trescientas cifras, en cambio son extraordinariamente torpes en lo que se refiere a calculo aritmético básico, casi no saben sumar ni restar y no comprenden la multiplicación ni la división. ¿Cómo es posible esto? La respuesta, según Sacks, es la utilización de un algoritmo inconsciente, completamente automático que les hace “ver” lo que se les pide, interiorizando la búsqueda o la ubicación de lo que se les acaba de decir. La cosa no seria muy destacable si solo fuera esta particularidad, al fin y al cabo, encontrar un día de la semana dado, no es un algoritmo nada complicado, es un patrón que se repite, pero la cosa no acaba ahí.

Los dos hermanos son capaces de recordar acontecimientos en cualquier día de su vida pasada desde los cuatro años, si se les dice una fecha concreta de los pasados 22 años cualquiera de los dos con una voz neutra desprovista de emoción, como una autentica maquina, detalla los acontecimientos del día: el tiempo, de la política o de episodios de su propia vida, son datos que el sujeto recita como si los leyese de una ficha. Al preguntarles como hacen para poder recordar tantos acontecimientos su lacónica respuesta es: “los vemos”. Cierto día mientras estaban en la consulta de Sacks, al neurólogo se le cayo al suelo una caja con cerillas que se esparcieron por el suelo,  inmediatamente los dos dijeron al unísono “¡ciento once!”, poco después uno dijo en un murmullo “treinta y siete” el otro repitió el numero y el primero lo volvió a repetir, es decir, no solo cuentan instantáneamente un grupo de cosas, sino que las agrupan: 37×3=111. Huelga decir que dentro de la caja habían efectivamente ciento once cerillas.  Ante la pregunta de cómo lo han hecho, siempre la misma respuesta “lo hemos visto”. Increíble.

Otro día el neurólogo asistió a una especie de juego, alucinante, en donde uno de ellos decía un numero, el otro sonreía como “degustándolo” y al cabo de poco tiempo contestaba con otro numero que era recibido de la misma manera, un dialogo puramente numérico, como si dos maquinas se estuviesen comunicando, el juego siguió un rato ante la mirada alucinada de Sacks. Mas tarde descubrió que lo que hacían era intercambiarse entre ellos números primos de seis cifras, los números primos son aquellos que solo son divisibles por 1 y por si mismos. Armado con una tabla de primos al día siguiente el neurólogo intervino en el juego, y fue aceptado, proponiendo números cada vez con mas dígitos llegando al limite de su tabla: diez dígitos, pero los gemelos siguieron con su juego llegando hasta números de veinte dígitos.

Este tipo de casos en donde evidentemente hay algo que no funciona bien en el cerebro de los dos gemelos, nos ilustra perfectamente de cuales son los limites reales de nuestro órgano mas complejo: virtualmente ninguno. Todos somos potenciales Mentats como los de Dune y es solo cuestión de tiempo (quizás siglos) para que se le pueda sacar todo el jugo que se merece. Vale a pena la lectura de sus libros porque de ejemplos como este hay un montón, todos de diferente carácter, pero igualmente sorprendentes.

Oliver Sacks. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.

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Émile Prisse d’Avennes – El Arte árabe

Extraordinarias ilustraciones de arte árabe incluidas en un libro llamado L’Art arabe d’après les monuments du Kaire depuis le VIIe siècle jusqu’à la fin du XVIIIe recopilado por el historiador del arte, egiptólogo, arqueólogo y explorador francés Prisse d’Avennes (libros publicados en Amazon). El libro completo esta digitalizado y se puede consultar en NYPL Digital Gallery, vale mucho la pena admirar los grabados en madera, heliograbados y litografías en color.

“He escrito ‘Neurociencia para Julia’ como si lo estuviera contando en un bar”

Xurxo Mariño, doctor en biología por la Universidad de Santiago de Compostela y especialista en neurofisiología, es además un divulgador de primera. Con sus cafés-teatro científicos y su espectáculo Discurshow, lleva la ciencia donde está la gente. En su último libro Neurociencia para Julia cuenta los principios de esta ciencia para todos los públicos.

El divulgador Xurxo Mariño. / X.M.

¿Quién es Julia?

Julia puedes ser tú si tienes en tu interior la curiosidad por saber cómo funciona tu sistema nervioso y tu mente. Julia es cualquier persona que tenga curiosidad por saber cómo esa máquina que llevamos dentro del cráneo construye nuestro ‘yo’ todas las mañanas cuando nos despertamos. Yo creo que todos deberíamos tener esa curiosidad.

Entonces, ¿Neurociencia para Julia está dirigido a todos los públicos?

Sí. Está escrito como si estuviésemos en un bar tomándonos unas birras y yo te contara mi idea de cómo funciona la máquina que tenemos ahí dentro. El primer capítulo es un poco más parecido a un libro de texto. Cuenta los principios básicos de la organización del sistema nervioso y su estructura. Después de este capítulo inicial, más convencional, me relajo.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

Fue una propuesta de la editorial. Me propusieron escribir un libro general sobre el sistema nervioso. Me dediqué un año y pico a leerme todos los libros de divulgación de neurociencia para hacerme una idea lo que yo podría aportar. Quería hacer un libro que no contara lo mismo que todos los demás. Una vez que tuve más o menos clara la idea general, me aparté de internet y de mi biblioteca, y escribí el libro en un mes, de memoria.

La neurociencia es complicada, ¿encontró muchas dificultades al contársela a Julia?

El ‘cacharro’ que llevamos ahí dentro es muy complejo, pero explicarlo no tiene por qué serlo tanto. Como aún conocemos poco sobre él, podemos ir contando algunos de sus principios básicos de funcionamiento. Pero en procesos más complejos, como los sentimentales, todo es divagación y ahí Neurociencia para Julia no entra. Me concentré solamente en aquello que sabemos con cierta seguridad y que se puede contar a alguien que no sea especialista.

¿Cuál es el truco para enganchar al lector?

Yo creo que como con todo, el truco es tenerlo claro. Si tú no tienes clara una idea, no se la puedes contar a nadie. Solo cuando entiendes bien algo lo puedes sintetizar y explicar de una manera fácil. Los conceptos básicos yo los entiendo e interpreto bien, porque es mi campo de investigación.

Además de neurocientífico, es conocido por sus charlas de divulgación en bares.

Los cafés-teatro científicos surgieron como una manera de hacer charlas en bares de España y sobre todo de Galicia. Es una idea que surgió en el mundo anglosajón y nosotros incorporamos el actor para hacerlo todavía más atractivo. Participamos uno o dos científicos y uno o dos actores que se preparan un monólogo sobre el tema.

Son veladas muy agradables.

También en Londres ha estado la semana pasada divulgando en bares, ¿verdad?

Sí, di una charla sobre los efectos de los móviles en la salud para la inauguración de Science in the Pub, una serie de sesiones en bares, organizadas por la asociación de Científicos Españoles en Reino Unido (CERU).

¿Y el Discurshow?

El Discurshow es lo más ambicioso que he hecho en divulgación. Es una charla científica vestida y adornada con un montaje teatral, sonidos, imágenes y el trabajo del actor Vicente de Souza. Él me ayuda a hacer más atractiva la ciencia que yo quiero transmitir. No se hace en bares, sino en auditorios porque necesitamos focos, un buen sonido, llevamos un poco un atrezo y montamos un escenario.

¿Qué hay de cierto en la famosa frase que dice que solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro?

No sé muy bien de donde ha salido, pero no es cierto. Todas las neuronas que tienes, en algún momento, las estás utilizando. Las neuronas son células muy particulares, y cuando no tienen actividad metabólica, degeneran y son eliminadas por el sistema. Cuando nacemos tenemos muchas más neuronas de las que después vamos a utilizar.

¿Cuántas vamos a necesitar para leer Neurociencia para Julia?

Para leer el libro las necesitarás todas, igual que para mascar un chicle. Mientras lo leas estarás utilizando neuronas para generar los movimientos de la cabeza y los ojos que permiten focalizar la vista en el libro. Otras participarán en el procesamiento del sistema visual, que se encarga de convertir las descargas eléctricas en algo con una entidad semántica. Otras se encargarán de darle sentido a las palabras o de almacenar en la memoria lo que vas leyendo. Además de todo esto habrá otro montón que se encarguen de mantener el estado global de activación y otras que regulen las necesidades energéticas de tu cuerpo, dependiendo de si vas leyendo el libro mientras caminas, o si estas sentada.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), la entrevista la ha hecho Julia García López. Mariño (twitter) tiene un página llamada Cultura Cientifica. Una recomendación: no os perdáis el Discurshow en el enlace de más arriba.

Joyas vivientes

Estas fotografías que siguen son una pequeña muestra de la enorme colección que se presenta en los dos libros editados con el nombre de Living Jewels, en la página del mismo nombre se pueden ver en su totalidad. Una magnifica colección de coleópteros de todo el mundo, un orden de insectos del reino animal con más de 350.000 especies descritas, la mayor de todo el planeta.

Chrysina batesi
Chrysinachrysargyrea
Chrysina resplendens
Lampetis plagiata
Themognatha Carpentarie
Anoplognathus Parvulus
Belionota

Edward Lear – Ilustraciones de la familia de los psitácidos, o loros

Edward Lear (1812-1888) realizó las planchas de Illustrations of the Family of Psittacidae, or Parrots (Ilustraciones de la familia de los psitácidos, o loros) cuando tenia solo 19 años, en 1830 siendo este su primer trabajo, lo que resulta sorprendente, no es nada habitual que a esa edad se tenga tanta fluidez. Podéis ver más ilustraciones en Digital Library od Decorative Arts and Material Culture, en este enlace de Amazon esta toda la extensísima obra de Lear a la venta y no solo en lo que a ilustración se refiere, pues también fue escritor de éxito, en concreto sus poesías humorísticas.

El libro de las joyas

Magnífica colección de pinturas  al gouache de las joyas propiedad de  Alberto V, duque de Baviera (1528-1579) y de su mujer, Anna von Habsburg (aunque en la edición digital de la Biblioteca Estatal de Baviera el nombre que aparece es Anna von Bayern). Además de las imagenes de las joyas, llama poderosamente la atención los ornamentos externos que rodean las joyas: arabescos, figuras alegóricas, animales y plantas, cariátides y atlas clásicas imagenes del imaginario renacentista. En el álbum de Flickr que le ha dedicado peacay se pueden ver 37 laminas y en la edición digital más de 100. Clic para ampliar.

Richard P. Fleynman – Física basica (II)

La física antes de 1920

Es un poco difícil empezar de golpe con la visión actual, de modo que primero veremos como se veían las cosas alrededor de 1920 y luego sacaremos algunas cosas de dicha imagen. Antes de 1920, nuestra imagen del mundo era algo parecido a esto: el “escenario” en el que se representa el universo es el espacio tridimensional de la geometría, tal como es descrito por Euclides, y las cosas cambian en un medio llamado tiempo. Los elementos sobre el escenario son las partículas, por ejemplo los átomos, que tienen ciertas propiedades. En primer lugar, la propiedad de inercia: si una partícula se está moviendo continuara moviéndose en la misma dirección a menos que sobre ella actúen fuerzas. El segundo elemento, por lo tanto, son las fuerzas, que entonces se pensaba que eran de dos tipos: el primero, un enormemente complicado y detallado tipo de fuerza de interacción que mantenía los diferentes átomos en diferentes combinaciones de una forma complicada, que determinaba si la sal se disolvería más rápida o más lentamente cuando aumentamos la temperatura. La otra fuerza que se conocía era una interacción de largo alcance – una atracción suave y silenciosa – que variaba de forma inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, y fue denominada gravitación esta ley era conocida y era muy simple. Lo que no se conocía, por supuesto, era por qué las cosas permanecen en movimiento cuando se están moviendo, o por qué existe una ley de gravitación.

Lo que aquí nos interesa es una descripción de la naturaleza. Desde este punto de vista, un gas, y en realidad toda la materia, es una infinidad de partículas en movimiento. Así, muchas de las cosas que vimos mientras permanecíamos de pie en la orilla del mar pueden ser relacionadas inmediatamente. Primero la presión: ésta procede de las colisiones de los átomos, si todos se están moviendo en una cierta dirección en promedio, es el viento; los movimientos aleatorios internos son el calor. Hay ondas de exceso de densidad, donde se han reunido demasiadas partículas y, por ello, cuando se separan precipitadamente empujan a montones de partículas situadas más lejos, y así sucesivamente. Esta onda en exceso de densidad es el sonido. Constituye un enorme logro que seamos capaces de comprender tanto. Algunas de estas cosas se describieron en el capitulo anterior.

¿Qué tipos de partículas existen? En esa época se consideraba que había 92: 92 tipos diferentes de átomos se descubrieron finalmente. Tenían nombres diferentes asociados a sus propiedades químicas.

La siguiente parte del problema era: ¿cuáles son la fuerzas de corto alcance? ¿Por qué el carbono atrae a un oxigeno o quizá dos oxígenos, pero no a tres oxígenos?¿ Cuál se el mecanismo de la interacción entre dos átomos? ¿Es la gravitación? La respuesta es no. La gravedad es demasiado débil. Pero imaginemos una fuerza análoga a la gravedad, que varíe de forma inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, aunque enormemente más potente y con una diferencia: en la gravedad cada objeto atrae a todos los demás. Pero imaginemos ahora que existen dos tipos de “objetos”, y que esta nueva fuerza (que, por supuesto, es la fuerza eléctrica) tiene la propiedad de que los semejantes se repelen pero los diferentes se atraen. El “objeto” que porta esta interacción fuerte se denomina carga.

Entonces ¿qué es lo que tenemos? Supongamos que tenemos dos objetos diferentes que se atraen mutuamente, un más y un menos, y que están muy próximos. Supongamos que tenemos otra carga a cierta distancia ¿Sentiría alguna atracción? No sentiría prácticamente ninguna, porque si las dos primeras cargas tienen el mismo tamaño, la tracción de una y la repulsión de la otra se cancelan. Por lo tanto, hay una fuerza muy pequeña a distancias apreciables. Por el contrario, si nos acercamos mucho con la carga extra aparece una atracción, porque la repulsión de los iguales y la atracción de los diferentes hará que los diferentes se coloquen más próximos y los iguales se aparten. Entonces la repulsión será menor que la atracción. Esta es la razón de que los átomos, que están constituidos por cargas eléctricas más y menos, experimenten una fuerza muy pequeña (aparte de la gravedad) cuando están separados por una distancia apreciable. Cuando se acercan pueden “ver dentro” del otro y redistribuir sus cargas, con el resultado de que tienen una interacción muy fuerte. La base ultima de esta interacción entre átomos es eléctrica. Puesto que esta fuerza es tan enorme, todos lo más y todos los menos se unirán normalmente en una unión tan intima como sea posible. Todas las cosas, incluido nosotros mismos, tienen un granulado fino, con partes más y menos que interaccionan fuertemente, todas ellas globalmente compensadas. De cuando en cuando, por accidente, podemos robar algunos menos o algunos más (normalmente es más fácil robar menos), y en tales circunstancias encontramos la fuerza de la electricidad descompensada y podemos ver los efectos de estas atracciones eléctricas.

Para dar una idea de lo mucho más fuerte que es la electricidad respecto a la gravitación, consideremos dos granos de arena de un milímetro de diámetro, separados a una distancia de treinta metros. Si la fuerza entre ellos no estuviera compensada, si cualquier cosa atrajese a cualquier otra en lugar de repeler a los iguales, de modo que no hubiera cancelación, ¿qué intensidad tendría la fuerza? ¡Habría una fuerza de tres millones de toneladas entre los dos! Verán ustedes que basta con un exceso o un déficit muy pequeño del numero de cargas negativas o positivas para producir efectos eléctricos apreciables. Esta es, por supuesto, la razón de que ustedes no puedan ver la diferencia entre un objeto eléctricamente cargado y otro descargado: están implicadas tan pocas partículas que apenas supone diferencias en el peso o en el tamaño de objeto.

Con esta imagen, los átomos eran más fáciles de comprender. Se pensaba que los átomos tienen un “núcleo” en el centro, con carga eléctrica positiva y muy masivo, y el núcleo esta rodeado de cierto numero de “electrones”, que son muy ligeros y están cargados negativamente. Ahora avancemos un poco más en nuestra historia para comentar que en el propio núcleo se encontraron dos tipos de partículas, protones y neutrones, ambos muy pesados y casi de la misma masas. Los protones están eléctricamente cargados y los neutrones son neutros. Si tenemos un átomo con seis electrones (las partículas negativas en la materia ordinaria son todas electrones y son muy ligeras comparadas con los protones y los neutrones que constituyen los núcleos), seria el átomo numero seis en la tabla química, y se llama carbono. El átomo ocho se llama oxigeno, etc., porque las propiedades químicas dependen de los electrones en el exterior y, de hecho, solo de cuantos electrones hay. De este modo, las propiedades químicas de una sustancia dependen solo de un numero, el numero de electrones. (La lista entera de elementos químicos podría haber sido en realidad 1, 2, 3, 4, 5, etc. En lugar de decir “carbono”, podríamos decir “elemento seis”, entendiendo seis electrones, pero, por supuesto, cuando los elementos se descubrieron por primera vez no se sabia que podían ser numerados de esta forma y, además, hubiera hecho que todo pareciese muy complicado. Es mejor tener nombres y símbolos para estas cosas, más que llamar a todas las cosas por un numero.)

Muchas cosas se descubrieron acerca de la fuerza eléctrica. La interpretación natural de la interacción eléctrica es que dos objetos se atraen mutuamente: el más atrae al menos. Sin embargo, se descubrió que esta era una idea inadecuada para representarlo. Una representación más adecuada de la situación consiste en decir que la existencia de la carga positiva distorsiona o crea en cierto sentido una “condición” en el espacio, de modo que cuando en dicho espacio colocamos una carga, ésta siente una fuerza. Esta potencialidad para producir una fuerza se denomina campo eléctrico. Cuando colocamos un electrón en un campo eléctrico, decimos que es “atraído”. Tenemos entonces dos reglas: a) las cargas crean un campo, y b) las cargas situadas en los campos experimentan fuerzas y se mueven. La razón para esto se hará clara cuando discutamos los fenómenos siguientes: si cargamos eléctricamente un cuerpo, digamos un peine, y luego colocamos un pedazo de papel cargado a cierta distancia y movemos el peine de un lado a otro, el papel responderá apuntando siempre al peine. Si lo movemos más rápidamente, se verá que el papel se queda un poco rezagado, hay un retraso en la acción. (En la primera etapa, cuando movemos el peine lentamente, nos encontramos con una complicación que es el magnetismo. Las influencias magnéticas tienen que ver con cargas en movimiento relativo, de modo que las fuerzas eléctricas y las fuerzas magnéticas pueden atribuirse realmente a un mismo campo, como dos aspectos diferentes de exactamente la misma cosa. Un campo eléctrico variable no puede existir sin magnetismo.) Si alejamos más el papel cargado, el retraso es mayor. Entonces se observa algo interesante. Aunque las fuerzas entre dos objetos cargados deberían variar de forma inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, cuando movemos una carga se encuentra que la influencia se extiende mucho más lejos de los podríamos conjeturar a primera vista. Esto es, el efecto decrece más lentamente que la inversa del cuadrado.

He aquí una analogía: si estamos en una piscina y existe un corcho flotando muy cerca, podemos moverlo “directamente” desplazando el agua con otro corcho. Si ustedes mirasen sólo los dos corchos, todo lo que verían seria que uno se movía inmediatamente en respuesta al movimiento del otro: hay algún tipo de “interacción” entre ellos. Por supuesto, lo que realmente hacemos es perturbar el “agua”; el agua perturba entonces el otro corcho. Podríamos construir una “ley” según la cual si ustedes desplazan el agua un poco, un objeto próximo en el agua se moverá. Si estuviese más lejos, por supuesto, el segundo corcho se movería menos, pues nosotros movemos el agua localmente. Por el contrario, si agitamos el corcho aparece un nuevo fenómeno: el movimiento del agua hace que se mueva el agua que hay más allá, etc., y se propagan ondas, de modo que, por agitación, hay una influencia mucho más lejana, una influencia oscilatoria, que no puede entenderse a partir de la interacción directa. Por consiguiente, la idea de interacción directa debe ser reemplazada por la existencia del agua, o en el caso eléctrico, por lo que denominamos el campo electromagnético.

Espectro electromagnético. Clic para ampliar

El campo electromagnético puede transportar ondas; algunas de estas ondas son luz, otras se utilizan en emisiones radiofónicas pero el nombre general es de ondas electromagnéticas. Estas ondas oscilantes pueden tener diversas frecuencias. La única cosa que es realmente diferente de una onda a otra es la frecuencia de oscilación. Si movemos una carga de un lado a otro cada vez con mayor rapidez y observamos los efectos, obtenemos toda una serie de tipos diferentes de efectos, todos los cuales quedan unificados al especificar solamente un numero, el numero de oscilaciones por segundo. La “toma de corriente” normal que sacamos de los circuitos eléctricos de las paredes de un edificio tiene una frecuencia del orden de 100 ciclos por segundo. Si aumentamos la frecuencia a 500 o 1.000 kilociclos (1 kilociclo = 1.000 ciclos) por segundo, estamos “en el aire”, pues este es el intervalo de frecuencias que se utiliza para las emisiones radiofónicas. (Por supuesto, ¡esto no tiene nada que ver con el aire! Podemos tener emisiones radiofónicas en ausencia de aire.) Si aumentamos de nuevo la frecuencia, entramos en el intervalo que se utiliza para FM y TV. Yendo aún más lejos, utilizamos ciertas ondas cortas, por ejemplo para radar. Aumentamos aún más la frecuencia y ya no necesitamos un instrumento para “ver” el material: podemos verlo con el ojo humano. En el rango de frecuencia entre 5 x 1014 y 5 x 1015 ciclos por segundo nuestros ojos vería la oscilación del peine cargado, si pudiéramos agitarlo con tanta rapidez, como luz roja, azul o violeta, dependiendo de la frecuencia. La frecuencias por debajo se denominan infrarrojas, y por encima del mismo, ultravioletas. El hecho de que podamos ver en un intervalo de frecuencias concreto no hace que esta parte del espectro electromagnético sea más impresionante que las otras partes desde el punto de vista de un físico, pero desde el punto de vista humano, por supuesto, sí es más interesante. Si subimos aún más alto en frecuencias, obtendremos rayos X. Los rayos X no son otra cosa que luz de frecuencia muy alta. Si vamos aún más arriba, obtenemos rayos gamma. Estos dos términos, rayos X y rayos gamma se utilizan casi como sinónimos. Normalmente los rayos electromagnéticos procedentes de los núcleos se denominan rayos gamma, mientras que aquellos de alta energía procedentes de átomos se denominan rayos X, pero a la misma frecuencia son físicamente indistinguibles, no importa cual sea su fuente. Si vamos a frecuencias aún más altas, digamos a 1024 ciclos por segundo, encontramos que podemos producir dichas ondas artificialmente, por ejemplo con el sincrotón que existe aquí en el Caltech. Podemos hallar ondas electromagnéticas con frecuencias enormemente altas – incluso con una oscilación mil veces más rápida – en las ondas encontradas en los rayos cósmicos. Estas ondas no pueden ser controladas por nosotros.

Richard P. Fleynman. Seis piezas fáciles. Originalmente publicado en 1963.

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