Las profecías de Asimov, a examen

Hace cincuenta años, el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov publicó un artículo en The New York Times en el que aventuraba cómo sería el mundo en 2014. Robots, aparatos inalámbricos y teléfonos inteligentes fueron profetizados por este bioquímico soviético nacionalizado estadounidense, que también habló de colonias en la Luna y coches flotantes. ¿Hasta qué punto acertó el autor de la trilogía Fundación?

Retrato de Asimov rodeado por los símbolos de su obra / Rowena Morrill

Isaac Asimov nació el 2 de enero de 1920 en Petróvichi, un pequeño pueblo de la Rusia soviética. O puede que no, porque en realidad ignoraba la verdadera fecha de su cumpleaños y tampoco le importaba. Los Asimov, campesinos judíos, salvaron la vida al mudarse a Brooklyn (Nueva York), pues todos los judíos de su aldea natal fueron masacrados durante la invasión alemana. De esta forma el pequeño Isaac pudo convertirse en uno de los autores más prolíficos de la historia, con más de 500 obras publicadas.

“¿Cómo será la vida, digamos, en 2014, dentro de 50 años? ¿Cómo será la Feria Mundial de 2014? No lo sé, pero puedo suponerlo”. Asimov escribía estas palabras cuarenta años después de la mudanza providencial, durante la Feria Mundial de Nueva York de 1964. En un artículo en The New York Times jugó a adivinar cómo sería una hipotética feria cincuenta años más tarde, en 2014, y, aunque acertó al predecir algunas de las tecnologías que hoy se disfrutan, erró en muchas otras. De las 50 ‘profecías’ que incluye su artículo, al menos el 40% no están ni siquiera cerca de cumplirse.

Para Miquel Barceló, escritor, traductor, editor y especialista en ciencia ficción, este género no es una buena herramienta para pronosticar: “La ciencia ficción imagina muchos futuros, pero estos no siempre se convierten en realidad”. Además, el escritor asegura que “Asimov acertó y equivocó en muchas cosas, pero lo importante es el acto de imaginar nuevos futuros”. Juzguen ustedes mismos hasta qué punto se acercó al imaginarlo.

Los robots no serán ni muy comunes ni muy buenos en 2014, pero existirán.

Verdadero. El padre de las tres leyes de la robótica fue cauto al hablar de la existencia de robots en el siglo XXI, pues es cierto que existían desde antes de que Asimov escribiera su artículo. No obstante, para encontrar un androide como Andrew Martin, el protagonista de El hombre bicentenario que llega a ser legalmente considerado como un humano, aún habrá que esperar. “No descarto que tecnológicamente fuera posible, pero ¿para qué querríamos robots humanos?”, se pregunta Fernando Broncano, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad Carlos III (Madrid). El filósofo apuesta por robots con cualidades técnicas especiales: “Somos extremadamente ineficientes en cuestiones de control fino, justo para lo que necesitamos a los robots”, añade.

Miquel Barceló también es escéptico: “Construir robots con consciencia individual y del yo es complicado, ya que no sabemos exactamente cómo nace nuestra propia consciencia”. Sin embargo, recuerda que cada vez hay más robots en uso, como la calculadora, y que “aunque no se haya cumplido el sueño de Alan Turing, que pensaba que en el año 2000 existirían inteligencias artificiales, cada vez nos acercamos más”, explica.

Las comunicaciones serán vista-oído y serás capaz de ver y oír a la persona que llames. La pantalla se podrá usar no solo para ver a la otra persona sino también para estudiar documentos.

Verdadero. El escritor adelantó en treinta años la existencia de los teléfonos inteligentes, con los que, entre otras cosas, se pueden llevar a cabo videollamadas. Quizá el comunicador de Star Trek, que hizo su primera aparición en 1964, inspirara a Asimov a la hora de vaticinar la existencia de teléfonos tan pequeños y avanzados. De hecho Martin Cooper, considerado como el padre de la telefonía móvil actual, confesó haberse inspirado en estos dispositivos de ciencia ficción. Asimov habría quedado muy gratamente sorprendido de poder ver un iPhone o incluso una Blackberry, pues en 1964 la telefonía móvil se limitaba a sistemas de radio VHF/UHF vinculados a las redes de telefonía fija, y los terminales eran tan pesados que su uso estaba limitado a vehículos.

Las ventanas estarán polarizadas para bloquear la luz. El grado de opacidad del cristal podrá alterarse automáticamente según la intensidad.

Verdadero. Podemos viajar en un coche con lunas polarizadas que protegen de la radiación solar y llevar gafas de sol que eliminan reflejos y destellos, pero Asimov se refería a ventanas que se adaptan por sí solas a la luz que detectan. “Estas ventanas ya son realidad”, explica Ricardo Vergaz, miembro del Grupo de Displays y Aplicaciones Fotónicas de la Universidad Carlos III. Se utilizan de forma experimental en algunos edificios y aviones, y los espejos retrovisores que se oscurecen con la luz funcionan de la misma manera.

No obstante Vergaz opina que Asimov erró al hablar de vidrios. “El plástico es el futuro de miles de aplicaciones porque es flexible”, asegura el ingeniero, que apuesta por ventanas todo en uno, donde el material actúe como sensor y cambie según la luz que reciba. Quizá en el futuro puedan fusionarse con las propiedades de la perovskita, un mineral que se ha probado en ventanas para, además de frenar la luz, generar electricidad en el proceso.

General Electric enseñará películas en 3D en la Feria Mundial de 2014. 

Falso. Asimov se refería a cubos transparentes en cuyo interior se verían imágenes en relieve. Aunque es cierto que el verdadero boom del cine tridimensional no ha tenido lugar hasta el presente siglo, las pantallas con efectos ópticos ya existían desde 1922 y Asimov las conocía.

Habrá granjas de microorganismos. Levaduras y algas estarán disponibles en muchos sabores.

Falso. Aunque existen algunos alimentos de origen microbiológico, el profesor de biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia José Miguel Mulet sostiene que “en el futuro se mejorarán las fermentaciones y se crearán nuevos alimentos, pero no creo que sean el alimento principal”, y recuerda que las algas se utilizan más para medicamentos y biocombustibles que como alimento. “La agricultura del futuro utilizará transgénicos, nanotecnología y cultivos celulares”, afirma Mulet.

Una planta experimental de fusión nuclear ya existirá en 2014.

Falso. La investigación de la fusión nuclear con fines civiles se inició en la década de los 50, por lo que es comprensible el optimismo de mediados de los 60. Hoy en día el ITER que se construye en Francia promete resultados para 2020. Quizá en seis años se pueda decir que Asimov, con un poco de retraso, acertó. O quizá se cumpla aquel viejo chiste que dice que “la fusión es la energía del futuro y siempre lo será”.

La enfermedad del aburrimiento se extenderá cada año, con consecuencias mentales, emocionales y sociológicas. La psiquiatría será la especialidad médica más importante en 2014.

A medias. Podría pensarse que el aburrimiento es típico en sociedades desarrolladas con una clase media consolidada, pero Carles Soriano, psiquiatra e investigador en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Bellvitge defiende que “con la crisis el desarrollo ha retrocedido a niveles de hace muchos años y la mayoría de gente no tiene tiempo para estar aburrida”. Los trastornos mentales y neurológicos afectan en el mundo a unos 700 millones de personas, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y la psiquiatría ha cambiado mucho desde 1964, cuando la Operación MK Ultra, dirigida por la CIA, intentó desarrollar técnicas de control mental.

Los aparatos de 2014 no tendrán cables, pues funcionarán con baterías de larga duración con radioisótopos.

A medias. Los dispositivos inalámbricos hoy se utilizan de manera amplia. Respecto a las baterías nucleares, aunque ya existen y prometen cargar el móvil para veinte años –la radiación será tan baja que no atravesará la carcasa del móvil– no están extendidas, para desgracia de los usuarios que ven como su smartphone se queda sin batería a mitad de la jornada. Los curiosos pueden hacerse con una de estas baterías del futuro por el precio de 2.000 dólares.

Se diseñarán vehículos con cerebros robóticos, que podrán programarse para viajar sin la interferencia de los lentos reflejos del conductor.

Verdadero. Ya existen vehículos automáticos como Platero, el coche del CSIC capaz de recorrer 100 kilómetros sin conductor; incluso hay autobuses para el transporte público, pero de momento no dejan de ser prototipos. Son capaces de detectar su posición con un error de tan solo 50 centímetros, además de tener un sistema de visualización artificial para reconocer la calzada y los obstáculos. Ambas características, sumadas al sistema de conducción automática, prometen que en el futuro no haya que preocuparse por no coger el coche si se ha bebido.

La tendencia será que los vehículos se eleven un par de pies sobre el suelo.

Falso. Para desgracia de los fans de Regreso al futuro, los científicos no han podido inventar un monopatín volador como el de la película. Está en desarrollo y funcionaría con un sistema de propulsión de aire similar al descrito por Asimov. Sí existen, por el contrario, trenes magnéticos de alta velocidad (maglev), como el alemán Transrapid en Shanghai (China) y el Linimo en la prefectura japonesa de Aichi. Mediante un gran número de imanes se consigue que el tren levite, sin estar en contacto con nada. El aire es la única resistencia, por lo que pueden superar los 500 km/h.

La superpoblación forzará la colonización de desiertos y polos. Las casas submarinas tendrán sus atractivos. Los gobiernos impondrán controles de natalidad.

A medias. La población mundial ha crecido exponencialmente en los últimos 50 años. Asimov predijo que en 2014 sería de 6.500.000.000 personas –se quedó corto, pues se alcanzaron las 7.000.000.000 en 2011–. No obstante, la Tierra empezará a perder habitantes en 2100, asegura un informe de la ONU; y según modelos matemáticos la población mundial dejará de crecer en 2050. Los controles de la natalidad están limitados a China, pero ya empiezan a desaparecer incluso allí. Respecto a las casas submarinas, existen hoteles de lujo bajo el mar, aunque no están destinados a cubrir las necesidades de alojamiento de la humanidad.

Solo naves sin tripulación habrán llegado a Marte.

Verdadero. Efectivamente, a Marte solo han llegado rovers como Curiosity. Las agencias espaciales de Europa, Rusia y Estados Unidos trabajan enviar misiones tripuladas al planeta rojo, pero la Nasa ha advertido que le faltan al menos 25 años para lograrlo. Uno de los principales problemas a los que se enfrentarían los exploradores es la alta dosis de radiación que absorberían en el trayecto. Asimov también acertó al adivinar las intenciones humanas de establecer una colonia en Marte. Mars One es un proyecto holandés privado para cumplir este objetivo en 2024, cuando enviaría a los dos primeros astronautas. Sería, eso sí, un viaje sin billete de vuelta.

Podrás visitar a alguien en las colonias lunares, con vehículos adaptados al terreno. 

Falso. Desde antes de que el hombre pisara la Luna en 1969 ya se soñaba con colonias lunares, pero de momento el sueño se mantiene, como muchos otros de los del divulgador.

“Asimov era optimista, confiaba en el futuro de la humanidad y si todavía viviera se sorprendería por la capacidad de errar del ser humano”, asegura Barceló. Ahora, en este 2014 que comienza, quizá alguien coja el testigo y se atreva a imaginar cómo será el mundo en 2064. Al principio de su artículo, Asimov aseguraba: “Lo que está por venir es maravilloso”. Ojalá tuviera razón.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), su autor es Sergio Ferrer.

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“He escrito ‘Neurociencia para Julia’ como si lo estuviera contando en un bar”

Xurxo Mariño, doctor en biología por la Universidad de Santiago de Compostela y especialista en neurofisiología, es además un divulgador de primera. Con sus cafés-teatro científicos y su espectáculo Discurshow, lleva la ciencia donde está la gente. En su último libro Neurociencia para Julia cuenta los principios de esta ciencia para todos los públicos.

El divulgador Xurxo Mariño. / X.M.

¿Quién es Julia?

Julia puedes ser tú si tienes en tu interior la curiosidad por saber cómo funciona tu sistema nervioso y tu mente. Julia es cualquier persona que tenga curiosidad por saber cómo esa máquina que llevamos dentro del cráneo construye nuestro ‘yo’ todas las mañanas cuando nos despertamos. Yo creo que todos deberíamos tener esa curiosidad.

Entonces, ¿Neurociencia para Julia está dirigido a todos los públicos?

Sí. Está escrito como si estuviésemos en un bar tomándonos unas birras y yo te contara mi idea de cómo funciona la máquina que tenemos ahí dentro. El primer capítulo es un poco más parecido a un libro de texto. Cuenta los principios básicos de la organización del sistema nervioso y su estructura. Después de este capítulo inicial, más convencional, me relajo.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

Fue una propuesta de la editorial. Me propusieron escribir un libro general sobre el sistema nervioso. Me dediqué un año y pico a leerme todos los libros de divulgación de neurociencia para hacerme una idea lo que yo podría aportar. Quería hacer un libro que no contara lo mismo que todos los demás. Una vez que tuve más o menos clara la idea general, me aparté de internet y de mi biblioteca, y escribí el libro en un mes, de memoria.

La neurociencia es complicada, ¿encontró muchas dificultades al contársela a Julia?

El ‘cacharro’ que llevamos ahí dentro es muy complejo, pero explicarlo no tiene por qué serlo tanto. Como aún conocemos poco sobre él, podemos ir contando algunos de sus principios básicos de funcionamiento. Pero en procesos más complejos, como los sentimentales, todo es divagación y ahí Neurociencia para Julia no entra. Me concentré solamente en aquello que sabemos con cierta seguridad y que se puede contar a alguien que no sea especialista.

¿Cuál es el truco para enganchar al lector?

Yo creo que como con todo, el truco es tenerlo claro. Si tú no tienes clara una idea, no se la puedes contar a nadie. Solo cuando entiendes bien algo lo puedes sintetizar y explicar de una manera fácil. Los conceptos básicos yo los entiendo e interpreto bien, porque es mi campo de investigación.

Además de neurocientífico, es conocido por sus charlas de divulgación en bares.

Los cafés-teatro científicos surgieron como una manera de hacer charlas en bares de España y sobre todo de Galicia. Es una idea que surgió en el mundo anglosajón y nosotros incorporamos el actor para hacerlo todavía más atractivo. Participamos uno o dos científicos y uno o dos actores que se preparan un monólogo sobre el tema.

Son veladas muy agradables.

También en Londres ha estado la semana pasada divulgando en bares, ¿verdad?

Sí, di una charla sobre los efectos de los móviles en la salud para la inauguración de Science in the Pub, una serie de sesiones en bares, organizadas por la asociación de Científicos Españoles en Reino Unido (CERU).

¿Y el Discurshow?

El Discurshow es lo más ambicioso que he hecho en divulgación. Es una charla científica vestida y adornada con un montaje teatral, sonidos, imágenes y el trabajo del actor Vicente de Souza. Él me ayuda a hacer más atractiva la ciencia que yo quiero transmitir. No se hace en bares, sino en auditorios porque necesitamos focos, un buen sonido, llevamos un poco un atrezo y montamos un escenario.

¿Qué hay de cierto en la famosa frase que dice que solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro?

No sé muy bien de donde ha salido, pero no es cierto. Todas las neuronas que tienes, en algún momento, las estás utilizando. Las neuronas son células muy particulares, y cuando no tienen actividad metabólica, degeneran y son eliminadas por el sistema. Cuando nacemos tenemos muchas más neuronas de las que después vamos a utilizar.

¿Cuántas vamos a necesitar para leer Neurociencia para Julia?

Para leer el libro las necesitarás todas, igual que para mascar un chicle. Mientras lo leas estarás utilizando neuronas para generar los movimientos de la cabeza y los ojos que permiten focalizar la vista en el libro. Otras participarán en el procesamiento del sistema visual, que se encarga de convertir las descargas eléctricas en algo con una entidad semántica. Otras se encargarán de darle sentido a las palabras o de almacenar en la memoria lo que vas leyendo. Además de todo esto habrá otro montón que se encarguen de mantener el estado global de activación y otras que regulen las necesidades energéticas de tu cuerpo, dependiendo de si vas leyendo el libro mientras caminas, o si estas sentada.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), la entrevista la ha hecho Julia García López. Mariño (twitter) tiene un página llamada Cultura Cientifica. Una recomendación: no os perdáis el Discurshow en el enlace de más arriba.

Dime de dónde eres y te diré qué sabor prefieres

A los niños les encantan el azúcar y las grasas. O no. Una nueva investigación desmiente que todos los menores de diez años tengan el mismo gusto por los alimentos y destaca la importancia del país de residencia, la cultura y la edad en estas preferencias.

No todos los niños tienen la misma preferencia por las patatas fritas, las golosinas o las bebidas azucaradas. / Sílvio Gabriel Spannenberg.

Hasta ahora la comunidad científica pensaba que los alimentos que más les gustan a los niños son las patatas fritas, los caramelos y las bebidas azucaradas, precisamente los más perjudiciales para su salud.

Sin embargo, un nuevo estudio, publicado en la revista Food Quality and Preference, concluye que dicha hipótesis no es del todo cierta tras analizar si todos los niños tienen la misma preferencia por los azúcares y las grasas, considerados promotores de sobrepeso y obesidad a todas las edades.

Durante la investigación, que forma parte del proyecto Identificación y prevención de los efectos sobre la salud inducidos por la dieta y el estilo de vida en niños (IDEFICS, por sus siglas en inglés), se examinaron las preferencias de sabor en más de 1.700 niños de entre seis y nueve años de edad procedentes de ocho países europeos (Italia, Estonia, Chipre, Bélgica, Suecia, Alemania, Hungría y España).

Los autores determinaron, mediante pruebas sensoriales, los gustos de los niños por la grasa, el azúcar, la sal y el glutamato monosódico, un potenciador del sabor que corresponde al quinto sabor básico, denominado ‘umami’.

“Los resultados fueron sorprendentes”, explica a SINC Silvia Bel-Serrat, única coautora española del estudio, que trabaja en la Universidad de Zaragoza. “Aunque a menudo se tiende a pensar que los niños comparten una predisposición común hacia las grasas y los azúcares, se observó que los de diferentes países no tenían de ningún modo preferencias similares”.

Alemanes y chipriotas ante las galletas

Más del 70 % de los niños alemanes prefirieron las galletas con grasas añadidas, frente a solo el 35 % de los chipriotas. Por el contrario, la mayoría de los alemanes prefirieron el zumo de manzana básico, mientras que los niños suecos, italianos y húngaros se decantaron por la opción con azúcares o aromas añadidos.

“Esto implica que las preferencias de sabor están influidas por factores culturales, pero también observamos que estos gustos se desarrollan de forma similar a medida que los niños se hacen mayores”, afirma Anne Lanfer, autora principal del estudio e investigadora en el Instituto de Epidemiología y Prevención de Bremen (Alemania). Así, en los ocho países los niños mayores tenían una mayor preferencia por el azúcar y la sal que los pequeños.

El equipo de investigación también valoró si los gustos variaban según el género del niño, su umbral de percepción de los sabores, el nivel educativo de los padres, los patrones de alimentación durante la edad temprana, el tiempo dedicado a ver la televisión y el uso de alimentos como recompensa por parte de los padres.

Los resultados mostraron que no existía relación entre estos factores y la preferencia por el azúcar, la grasa, la sal y el umami entre los niños; a pesar de que se les había atribuido previamente una influencia en las preferencias de sabor.

Afinar la prevención

Para los investigadores, el estudio tiene implicaciones importantes. “Hay una tendencia a realizar programas de prevención dietéticos uniformes en países europeos. No obstante, las preferencias de sabor varían según el país y el mismo programa no será igualmente eficaz en todos los países”, apunta Lanfer.

Por ejemplo, promover el consumo y la distribución de zumo de manzana no azucarado sería más eficaz en Alemania, donde su aceptación es alta, que en Hungría, donde a la mayoría de los niños les gusta el zumo con azúcar añadido.

Es más, sabiendo que los niños cambian sus predilecciones a medida que se hacen mayores, “todavía cabe la esperanza de que las preferencias de sabor de los niños no sean estables y que puedan ser influenciadas por sus padres y por el ambiente que les rodea”, concluyen los autores.

Referencia bibliográfica:

Anne Lanfer, Karin Bammann, Kolja Knof, Kirsten Buchecker, Paola Russo, Toomas Veidebaum, Yiannis Kourides, Stefaan de Henauw, Dénes Molnar, Silvia Bel-Serrat, Lauren Lissner, Wolfgang Ahrens. “Indicadores de las preferencias de sabor en niños europeos: Estudio IDEFICS”. Food Quality and Preference 27 (2013) 128–136.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).

Vaticinios (acertados o no)

  • En 1954, el escritor de novelas de ciencia-ficción Lester del Rey escribió una novela corta que comenzaba con la frase: «La primera nave espacial aterrizó en la Luna y el comandante Armstrong salió de ella…». Quince años más tarde, el comandante Neil A. Armstrong se convertía en el primer hombre que pisó suelo lunar.
  • En 1830, el astrónomo y filósofo natural irlandés Dionysius Lardner (1793-1859) sentenció que ninguna embar­cación a motor podría cruzar el Atlántico, como algunos mal informados de su tiempo sostenían, porque para ello necesitaría consumir más carbón del que podría cargar. No obstante, ocho años después de su profecía, en 1838, el Great Western realizó la travesía. Con anterioridad, este mismo profesor de la Universidad de Londres había ad­vertido seriamente que si los trenes alcanzaran algún día los 180 kilómetros por hora, sus ocupantes morirían as­fixiados, incapaces de poder respirar.
  • En su famosa obra Los viajes de Gulliver (1726), el escritor irlandés Jonathan Swift (1667-1745) mencionaba «dos es­trellas menores o satélites que giraban alrededor de Mar­te», describiendo con asombrosa precisión sus proporcio­nes y sus órbitas. Más de siglo y medio después, en 1877, las dos lunas de Marte, bautizadas con los nombres de Fobos y Deimos, fueron descubiertas oficialmente por el as­trónomo estadounidense Asaph Hall (1829-1907).
  • Según los estudiosos de su obra, Jules Verne (1828-1905) anticipó los tanques en su novela La casa de vapor; el sub­marino en 20.000 leguas de viaje submarino; el lanzalla­mas en Ante la bandera y los satélites artificiales en Ro­bur, el dueño del mundo. En el resto de sus obras describió además máquinas e invenciones que recuerdan con asom­brosa precisión ingenios y actividades tan actuales como el helicóptero, la tortura por descargas eléctricas, las bombas de fragmentación, el cañón de largo alcance, los ingenios bélicos teledirigidos, las alambradas electrifica­das, el cine sonoro, los rascacielos, la contaminación o la ciudad ecológica.
  • El inventor francés Louis Lumiére, tras inventar el cine­matógrafo, afirmó: «Mi invento podrá ser disfrutado como curiosidad científica… Pero comercialmente no tie­ne el más mínimo interés».
  • El químico francés Antoine Laurent Lavoisier (1743-1794) no pudo estar más desacertado cuando cierta vez dijo: «No pueden caer piedras del cielo, porque en el cielo no hay piedras».
  • En 1839, el doctor francés Alfred Velpeau, dijo: «La elimi­nación del dolor en las operaciones quirúrgicas es una quimera. Es absurdo continuar investigando por ese ca­mino. El bisturí y el dolor son dos palabras que estarán asociadas para siempre en la conciencia del paciente». Este desacertado análisis lo hizo Velpeau siete años antes de la introducción de la anestesia.
  • En 1878, el profesor de la Universidad de Oxford Erasmus Wilson pronosticó que: «En lo que respecta a la luz eléctrica, hay mucho que decir a favor y en contra. Creo poder afirmar que la luz eléctrica morirá con el fin de la Exposición Universal de París. Luego no volveremos a oír hablar de ella».

El libro de los hechos insolitos. Gregorio Doval. Alianza Editorial. Biblioteca de consulta,2005.

Los homínidos de hace 1,5 millones de años ya eran cazadores

El equipo del Instituto de Evolución en África que está excavando en la Garganta de Olduvai (Tanzania) ha descubierto los restos fósiles de un niño que vivió en este lugar hace 1,5 millones de años. Este individuo presenta una patología en sus huesos que se relaciona con la anemia, lo que apoya la hipótesis de que los ancestros humanos de cronologías muy antiguas ya dependían del consumo de carne para su supervivencia.

Yacimiento de Oldupai. Los investigadores justifican en su trabajo cómo esta anemia apoya la hipótesis de que la fisiología humana adaptada al consumo frecuente de carne. Imagen: Wikipedia

Un estudio realizado por investigadores del Instituto de Evolución en África (IDEA), que acaba de ser publicado en la revista PLOS ONE, asegura que la patología (Hiperostosis porótica) encontrada en los restos fósiles de un niño –de menos de 24 meses de edad–, de hace 1,5 millones de años es producto de la falta de consumo de las vitaminas B9 y B12, que se obtienen a través del consumo de carne en las sabanas modernas africanas.

El fragmento craneal del individuo encontrado, del que se desconoce el sexo, indica que probablemente murió durante el periodo de destete, cuando los alimentos sólidos comenzaban a incluirse en su dieta y cuando todavía dependía de la leche materna. En este caso, y según el citado artículo, esa leche era nutricionalmente deficiente debido a la falta de consumo de carne por parte de la madre.

Los investigadores justifican en su trabajo cómo esta anemia apoya la hipótesis de que la fisiología humana adaptada al consumo frecuente de carne, como el de nuestra especie Homo sapiens, habría surgido por lo menos hace 1,5 millones de años. Además, esta dependencia apoya la teoría de que los humanos primitivos fueron cazadores activos en lugar de carroñeros.

Debate carroñeros-cazadores

Los arqueólogos han debatido durante décadas cuándo y cómo se convirtió la carne un elemento importante en la evolución humana. Las primeras evidencias de su consumo se descubrieron en yacimientos de 2,6 millones de años de antigüedad en África Oriental, en la forma de los utensilios líticos (herramientas de piedra) y en el hallazgo de huesos con marcas de corte.

Sin embargo, hasta ahora esto ha sido insuficiente para documentar si era un recurso habitual o esporádico en la alimentación de nuestros antepasados. Algunos investigadores argumentan que los primeros seres humanos carroñeaban los restos de los animales muertos, recogiendo algunos trozos de carne y otros recursos, insuficientes para ser compartidos con otros individuos.

También argumentan que este carroñeo fue temporal y ocurría sólo estacionalmente en hábitats específicos de la sabana africana. Por ello, estos investigadores defienden que el consumo de carne era marginal, como un alimento de reserva cuando otros recursos eran escasos, como así ocurre en los chimpancés.

En contraste, otros investigadores sostienen que los primeros seres humanos fueron cazadores y conseguían animales antes que otros carnívoros, lo que les permitiría el acceso a grandes fuentes de carne, que podían compartir, como los cazadores-recolectores modernos. Bajo esta interpretación, la carne era un componente esencial de la dieta de nuestros ancestros hace casi dos millones de años.

Los estudios arqueológicos realizados en un número limitado de yacimientos africanos con más de un millón de años y con restos óseos bien conservados indican que los primeros seres humanos muy probablemente tenían acceso a la carne antes que otros carnívoros y, por lo tanto, no eran carroñeros. Sin embargo, su escaso número impide confirmar si esas ‘bonanzas’ de la carne fueron regulares en la conducta humana temprana.

Un elemento básico para nuestra supervivencia

Hoy, la carne es un componente esencial de la dieta humana moderna. Proporciona varios nutrientes que son difíciles de obtener de otros alimentos (tales como la cobalamina) y que son necesarios para el funcionamiento de nuestra fisiología.  Su consumo regular es básico para nuestra supervivencia. Otros primates, como los chimpancés, no tienen esa dependencia y, por ello, consumen carne esporádicamente.

Algunos arqueólogos han argumentado que precisamente llegamos a ser humanos cuando nos convertimos en carnívoros-omnívoros, pero la pregunta pendiente es cuándo en nuestra historia nos convertimos en dependientes de la carne, algo que el hallazgo del ‘niño anémico’ de Olduvai ayuda a revelar.

El descubrimiento se enmarca dentro del Proyecto de Paleontropología y Paleoecología de Olduvai (TOPPP, en sus siglas en inglés), y está dirigido por profesor de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid y co-director del IDEA junto a Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid. Además han participado los investigadores Audax Mabulla y Henry T. Bunn.

El equipo está liderado por el Instituto de Evolución en África de la Universidad de Alcalá y colaboran las universidades Complutense de Madrid, Valladolid, Dar es Salaam (Tanzania) y Colorado (Estados Unidos).

También han colaborado en estas excavaciones la Comunidad de Madrid y los Ministerios de Cultura, de Asuntos Exteriores y Cooperación y de Ciencia e Innovación. Cabe señalar, asimismo, que la ONGD Cives Mundi está construyendo en la Garganta de Olduvai la estación de investigación ‘Emiliano Aguirre’, para su uso por el equipo y por la población local, financiada por la Dirección General de Cooperación, perteneciente a la Consejería de Empleo, Mujer e Inmigración de la CAM.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).

Dos etnias africanas protagonizaron la primera ‘separación’ humana hace 100.000 años

Un equipo internacional de científicos ha analizado 2,3 millones de variantes de ADN de 220 personas del centro y sur de África. El estudio genético, el mayor hasta la fecha, confirma que los grupos étnicos Khoi y San (bosquimanos) se separaron hace 100.000 años de la rama ancestral común a la que pertenece el resto de los humanos modernos, incluso antes de que salieran de África, hace 60.000 años.

Arte rupestre de los San en una cueva de las montañas de la provincia de Limpopo (Sudáfrica). Imagen: Carina Schlebusch.

Los KhoiSan –nombre que unifica los grupos étnicos de los ganaderos Khoi y los cazadores-recolectores San–, que habitan diferentes regiones del sur de África, son los descendientes modernos de las poblaciones que se diversificaron por primera vez de los humanos que luego emigraron fuera de este continente. Aquella diversificación inicial se produjo hace unos 100.000 años, según demuestra un estudio publicado esta semana en Science.

“Las poblaciones de Khoi y San forman parte de una rama poblacional que se separó muy pronto (hace 100.000 años) de otra rama ancestral común a todos los demás humanos modernos”, confirma a SINC Carina Schlebusch, autora principal del estudio e investigadora en el departamento de Biología Evolutiva de la Universidad de Uppsala (Suecia).

El equipo de investigadores analizó 2,3 millones de variantes de ADN de unas 220 personas de 11 poblaciones diferentes del centro y sur de África para demostrar que en la población de KhoiSan hay divergencias poblacionales que se remontan a hace 35.000 años, cuando los pueblos San del norte de Namibia y Angola se separaron de los pueblos KhoiSan del sur de África.

“Hemos identificado una única región en África donde las poblaciones tuvieron la mayor diversidad”, apunta Schlebusch quien añade que los patrones de la variación genética en las poblaciones africanas sugieren una historia poblacional “compleja”.

Según el estudio, las divergencias entre los pueblos de África tienen importantes implicaciones y consecuencias a la hora de descifrar la historia de la humanidad. “Existe una asombrosa diversidad étnica entre el grupo Khoisan, y tuvimos la oportunidad de observar muchos aspectos de la colorida historia que dio origen a esta diversidad en su ADN”, recalca la investigadora.

El trabajo hace hincapié en cómo se expandió el pastoreo hacia el sur de África con la cultura Khoi. Con los datos genéticos, los expertos observaron que los pastores Khoi procedían de un grupo San del sur que adoptó el pastoreo. A esto se añaden las aportaciones genéticas de un grupo de África oriental, que pudo ser el primero en introducir esta práctica ganadera en la región.

Lo que esconden los genes

La selección de genes implicados en la función muscular, la respuesta inmunitaria, y la protección ante los rayos UV evidencian la adaptación local de los diferentes grupos Khoi y San. Para los investigadores estos genes pudieron conservarse en el catálogo genético de los grupos locales.

Pero para identificar estos genes, el equipo de científicos diseñó una estadística que puso a prueba los genes que evolucionaron rápidamente en los ancestros de los humanos modernos que viven en la actualidad. “Estos genes pudieron haber desempeñado un papel en la aparición de las características humanas modernas”, señala la autora principal.

En este sentido, los investigadores descubrieron, entre otros, genes con funciones en la morfología del esqueleto (como RUNX2 y ROR2). “Ya se sabía que había una gran cantidad de variación morfológica en el registro arqueológico previo a la aparición de la forma humana moderna, por lo que estos genes pudieron desempeñar un papel en la aparición de la anatomía humana moderna”, subraya a SINC Schlebusch.

Referencia bibliográfica:

Carina M. Schlebusch et al. “Genomic Variation in Seven Khoe-San Groups Reveals Adaptation and Complex African History” Science 20 de septiembre de 2012.

Artículo publicado en Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).

Henry Cavendish

Henry Cavendish (1731 – 1810)

Henry Cavendish (1731 – 1810) fue un notable físico y químico que, entre otras cosas, demostró que el agua estaba compuesta de oxigeno (aire deflogistizado lo llamaban por entonces) e hidrógeno (flogisto) o cual era el peso de la Tierra (con extraordinaria exactitud). Extremadamente tímido hasta lo patológico se aisló del mundo hasta el extremo de insistir a sus criados que se comunicaran con él por escrito, su desinterés por la fama y la fortuna, aunque era nieto de un duque y durante gran parte de su vida fue uno de los hombres mas ricos de Inglaterra, su ingenuidad y la incomprensión hacia las relaciones humanas son realmente únicas. En la biografía que le dedico George Wilson en 1851 se pueden leer cosas como esta:

No amó; no odió; no albergo esperanza de ningún tipo; no tuvo miedos; no veneró nada ni a nadie. Se aparto de los demás y, aparentemente, de Dios. No había nada apasionado, entusiasta, heroico o caballeroso en su naturaleza, y tampoco había nada mezquino, sórdido o innoble. Carecía prácticamente de pasiones. Todo aquello que para comprender precisaba otra cosa que no fuera el puro intelecto, o exigiera el ejercicio de la fantasía, la imaginación, el afecto o la fe, le resultaba desagradable a Cavendish. Todo lo que descubro al leer sus diarios es una mente puramente intelectual, unos ojos maravillosamente agudos que observan y un par de manos muy diestras que experimentan o toman notas. Su cerebro parece haber sido una maquina de calcular; sus ojos, puros instrumentos de visión, no fuentes de lagrimas; sus manos instrumentos para la manipulación que jamás temblaron de emoción, ni se juntaron para adorar, dar gracias o desesperarse; su corazón no fue mas que un órgano anatómico, necesario para la circulación de la sangre…

Cavendish no se sentía por encima de los demás con un espíritu orgulloso o altanero, negándose a considerarlos sus semejantes. Se sentía separado de ellos por un enorme abismo que ni él ni ellos podían cruzar, y a través del cual de nada servia tender manos o intercambiar saludos. Una sensación de estar aislado de sus semejantes le hacia evitar su compañía y su presencia, pero lo hacia consciente de que era una enfermedad, no jactándose de ser alguien superior. Era como un sordomudo que se sentía aparte de los demás, y cuyas expresiones y gestos muestran que esa gente esta diciendo algo y escuchando música y palabras elocuentes, que él es incapaz de producir ni recibir. Sabiamente, por tanto, se mantuvo apartado, se despidió del mundo y se impuso los votos del Anacoreta Científico, y, al igual que los monjes de antaño, se encerró en su celda. Era un reino suficiente para él, y desde su estrecha ventana veía toda la parte del Universo que le interesaba. Era también un trono, desde el que dispensaba regios obsequios a sus semejantes. Fue uno de esos benefactores de su raza que jamás recibieron gratitud, y sirvió y enseño con paciencia a la humanidad, mientras ésta se apartaba de su frialdad o se burlaba de sus rarezas…No fue Poeta, ni Sacerdote, ni Profeta, sino simplemente una Inteligencia fría y lucida que emitía una pura luz blanca, que iluminaba todo lo que tocaba, pero sin calentar nada: una Estrella de segunda, sino de primera magnitud, en el Firmamento Intelectual”.

Oliver Sacks se pregunta qué patología podía tener este hombre; concluye que posiblemente padecía un “autismo genial único”

Fuentes: Oliver Sacks. El tío Tungsteno y Wikipedia.